la vivienda es lo primero… que dejamos atrás

Hace unos días estuve en unas Jornadas sobre Housing First (Primero Vivienda) organizadas por RAIS. El planteamiento es muy sencillo: en vez de marcar procesos para las personas sin hogar a través de diferentes recursos sanitarios y sociales, con la vivienda como un premio al final de un camino que se convierte en una carrera de obstáculos, se comienza facilitando el acceso a una vivienda como seguridad básica que permite afrontar el resto de retos a los que se enfrenta a la persona. Que no son pocos en los casos seleccionados, ya que hasta ahora el programa se ha realizado con personas con problemas de salud mental, discapacidad o toxicomanías. En estas Jornadas han presentado los resultados obtenidos hasta ahora, y son espectaculares: todas las personas siguen manteniendo su vivienda y ha mejorado en gran medida su bienestar a todos los niveles, con un coste económico similar o incluso inferior al de otros recursos tradicionales, como albergues y demás.

Pero más allá de los datos, están las vidas concretas, las miradas y la palabra de estas personas:

Todo parece apuntar a que este modelo de intervención se va a poner de moda, al menos en cuanto a atención de personas sin hogar. Muchas otras personas y colectivos apuntan a que esta filosofía de intervención debe aplicarse de manera más global, también con familias y otros colectivos.

Pero yo, cuanto más lo pienso, menos entiendo. ¿En qué momento hemos perdido el contacto con la realidad de tal manera que una propuesta que en realidad es simple sentido común se convierte en algo revolucionario? ¿De verdad estamos inventando el fuego al decir que la seguridad de una vivienda, de una estabilidad básica, es una condición fundamental para poder construir en positivo las condiciones para una vida digna? ¿Cuándo y cómo perdimos esta perspectiva?

Al comenzar la dinámica de los Talleres de Vivienda Digna para Todas las Personas (animados por Movimiento Cuarto Mundo España), un padre de familia que nunca ha podido acceder a una vivienda propia me comentaba: “¿Tú sabes lo que supondría poder tener una llave con la que abrir la puerta de mi casa? ¿Y entrar en ella sabiendo que mis hijos están durmiendo seguros, protegidos, que no les va a pasar nada? Eso es lo más importante que me puede pasar en la vida”. Por el momento sigue igual, sin haber avanzado nada en esta dirección. Porque cuando va a Servicios Sociales le insisten en que lo que tiene que hacer es encontrar trabajo, sin ofrecerle alternativa de vivienda, ya que eso se lleva en otro departamento que en la práctica constituye otro mundo con otros intereses. Como si dentro de los apoyos que necesita una persona o familia para salir de la precariedad no hubiera que considerar el tema de la vivienda. Pero claro, es que unir urbanismo y necesidades sociales obligaría a volver del revés las políticas de vivienda, enfocadas primordialmente a mercadear con ella.

Y así, de este modo, borrando y fragmentando la realidad, consiguen que nos olvidemos de las cosas esenciales y básicas para la vida.

Dani García Blanco, Madrid

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