aquellas madres niñas…

pintura-guatemala

 

Una casa bastante agradable albergaba a aproximadamente 12 niñas y jóvenes, la mayoría de ellas venía de vivir en la calle. Fue hace muchos años, a partir de un programa de práctica alternativa en la universidad, cuando tuve la oportunidad de apoyar en una institución que recibía a jóvenes, que por diferentes razones, eran madres a muy corta edad. El hogar tenía una dinámica bastante fuerte para permitir a cada una aprender a cuidar a su hijo, y cuando las circunstancias lo requerían, apoyar a otra compañera para permitirle que fuera a trabajar o a estudiar. Gestos de apoyo mutuo se vivían en la cotidianidad de la casa. Las “reglas” estaban pensadas para empujar a vivir una fuerte solidaridad. Cada fin de semana, cuando venía a su encuentro, era impactada por la realidad y la historia que cada jovencita portaba.

Guardo muy gratos recuerdos de mi estancia en ese lugar, que me permitió entender sobre lo que significa ser madre, cuando no importa la edad, las circunstancias adversas o la mirada de la gente. En una oportunidad, alguien sacó a luz el tema de “regalar a un hijo o abortarlo”. Casi en coro, todas estas chicas hablaron sobre lo importante que era este ser en su vida. Algunas aún no lo tenían, pero por nada del mundo estaban dispuestas a dejarlo.

Desde el otro lado del mundo donde yo vivía (con un trabajo y una familia estable, además de ser privilegiada para asistir a la universidad) no lograba entender por qué se aferraban a esa criatura, en medio de “una vida miserable” que difícilmente les iba a permitir dar lo básico a ese niño. Pero allí estaban ellas, con sus 14 o 15 años diciéndome que a pesar de toda circunstancia, iban a tener y mantener a su hijo. Y es que las situaciones que vivían no eran fáciles de entender, diría, ni por ellas mismas muchas veces.

Desde este tiempo han pasado casi 18 años. No es posible olvidar esta experiencia, pues en el archivo de mis recuerdos guardo los rostros de cada una de ellas, que me ayudaron a entrar a esta comprensión.

Sus rostros volvieron una y otra vez en mi cabeza, cuando de nuevo me encontré con jovencitas, que vivían en barrios pobres, donde teníamos una presencia cotidiana, a través de acciones culturales. Lo que se evidencia es que no se trata solamente de una problemática en familias pobres, se vive a todo nivel, en todo estrato social.

Muchas veces me pregunté ¿Qué es lo que se necesita para detener “este problema” en las familias pobres? La respuesta concretamente no la tengo, pero lo que aprendí de ellas, es que finalmente tener un niño permite tener un lugar en la sociedad, eres madre, y eso te hace existir, te hace tener un motivo para luchar, para sentirte útil. Porque cuando no es posible asistir a la escuela, acceder a un trabajo digno, a los servicios de salud, tampoco a los espacios de recreación, etc. ¿Qué rol juegas en una sociedad? Estás, pero no estás…

Elda García, Guatemala/Francia

* Cabecera: óleo sobre lienzo /César Plasencia
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