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A Juan

Según una publicación en el Diario de Centro América, a la fecha están abiertos 14 casos por corrupción de pasados funcionarios, de todos los Organismos del Estado. La situación es indignante, mientras tanto, los millones de quetzales presuntamente robados quedan en el aire, sin atender las necesidades de los guatemaltecos.

Por otra parte, hace unos días en una conversación con los amigos, cada uno hizo sus confesiones sobre las veces que había sido corrupto, es decir, las veces que había traicionado su ética y su moral. Pasarse un semáforo en rojo cuando vamos de prisa o jugarle una vuelta tecnológica a las personas mayores que no conocen del tema, entre un sinfín de microcorrupciones conforman el cotidiano de muchos guatemaltecos, nuestro cotidiano.

La corrupción está entre nosotros. A la costumbre de aplicarla se le suma que creemos que es “astucia” o “audacia” y que aquel que trata de mantenerse, con muchas dificultades, dentro de los límites de la moral es iluso o motivo de nuestras burlas.

La situación suele pasar desapercibida o solemos justificarla para no darnos cuenta de que contribuimos a la construcción de un sistema podrido, del que muchas veces nos quejamos. Hoy, como un ejercicio, deberíamos proponernos estar conscientes de estas microcorrupciones, reflexionar sobre ellas, pues cada una tiene consecuencias, por mínimas que parezcan. Y lo más grave: repercuten sobre otros. Cada vez que las cometemos nos acercamos más a la figura del político que despreciamos.

‘El cambio lo hacemos todos juntos y si no actuamos así, juntos, para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabamos formando parte de ella’.

Joan Baez

Linda Gare, Guatemala

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