cuesta arriba

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“No todos avanzamos en la vida de la misma manera. Algunas personas, pocas, tienen un camino llano delante de ellas, sin obstáculos. Otras tienen algunas cuestas que subir. Pero algunos tenemos que subir constantemente montañas, bien empinadas. Y no nos podemos parar. Si te paras, te caes abajo. Siempre subiendo”.

Con esta imagen tan gráfica trataba de representar un amigo que ha vivido siempre en condiciones muy difíciles lo que es la vida en la pobreza. Y al escucharle me acordaba de una mujer de mi barrio, también luchadora frente a mil y una adversidades, que me contaba como sentía que no podía permitirse el lujo de rendirse, pese a que a veces sentía que no podía más, o que la trataban injustamente cuando iba a pedir ayuda a los Servicios Sociales o a las parroquias: “En el momento en el que dejas de luchar estás acabada”.

Vivir en la precariedad exige un ejercicio de resistencia firme y constante. Aunque el agotamiento termina apareciendo constantemente, con consecuencias muchas veces devastadoras. De ahí que se busquen maneras y modos de aguantar, de refugiarse, agarrando muchas veces clavos  mentirosos y ardientes. Pero no queda otra: resistir, un resistir que es lo contrario de la dejadez o el inmovilismo, que es compromiso activo por no caer.

De ahí también la importancia de contar con otras personas. Pero no cualquiera. Esto me contaba otro luchador en precario comentando sobre el compromiso de quienes formamos parte de ATD Cuarto Mundo: “Estamos cansados de oír promesas. Con vosotros es diferente, porque os conocemos desde hace años y os hemos visto mancharos con el barrio de las calles. Sabemos que siempre habéis estado ahí”.

La pobreza, la miseria, encierran y aíslan empujando hacia un ejercicio autista de supervivencia. Por eso de repente aparece como fundamental la presencia de otras gentes, no solo para recibir apoyos, sino para construir algo que de verdad se sienta con sentido y que lance más allá de la montaña castigadora: “Para luchar por mí, ya lucho yo solo todos los días. Pero lo que tenemos que hacer juntos es luchar por todos, por lo colectivo”.

Pues eso. Luchemos.

Daniel García Blanco, Madrid

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