con admiración

Con admiración

Miro a mi gente humilde

De corazón y vestuario

Sus casas de barro

De lámina o cartón

Trabajan comprometidos

Cada día sin importarles

Inclementes dolores

De la vida dura

Compromiso de darles una mejor formación a sus hijos

Cumplir contra viento y marea

Todos sus compromisos

Para sus seres queridos

Aun si sus derechos humanos son violados

Y que únicamente la sociedad alta les grite

Que tienen que cumplir con sus obligaciones,

Sin importarle que se roban el dinero del estado

Y mi gente sigue

Con la frente en alto

Con todas sus fuerzas

Viendo con esperanzas de un nuevo cambio

En una sociedad de igualdad

Donde el rico ame al pobre y el pobre al rico

Raquel Juárez, Guatemala

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donde por luz te tengo

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Georgina Simmonds

 

Algunas personas creen que la magia no es real,
pero un pájaro canta: ¿qué hay acerca de los sueños?

Quizá me puedas decir que un unicornio es falso,
pero un niño dice: ¿qué hay acerca de los sueños?

What about the dreams? Draco Laca

Desde hace casi veinte años convivo con niños, adultos y familias enteras en situación de pobreza, primero en los barrios muy pobres de la periferia de Madrid, después en pleno corazón de Londres, y ahora en los diferentes países de América Latina y el Caribe en los que ATD Cuarto Mundo está presente.

No hay nada hermoso en la violencia que es la vida en la pobreza, y sin embargo, a lo largo de todos estos años, he sido testigo de cómo los más pobres buscan y crean la belleza en sí mismos y en el entorno hostil en el que viven. Mientras escribo, numerosos ejemplos vienen a mi mente: una mujer que cuida flores en la puerta de su vieja casa hecha de madera recuperada; un hombre que alegra la habitación de su hijo con pinturas encontradas en la basura; una anciana que hace ganchillo para vestir a sus niños Jesús; un padre que recupera del vertedero rollos de tetra-briks para hacer mantelitos para los estantes de su casa de lata; una familia entera que coloca la leña a modo de escultura dentro de la casa; otra familia que coloca las mantas durante el verano bien dobladas unas encima de otras, combinando los colores y a la vista de todos; unos niños que cuelgan sus dibujos en la parte más alta de las paredes de su casa, donde más se ven y parecen más a salvo; una madre que barre sin cesar su casa de piso de arena… Cuando los miramos desde lejos, es difícil encontrar belleza alguna en los hogares que se ven obligados a habitar las familias más pobres; desde cerca y al detalle, podemos notar fácilmente esa pulsión por la belleza que hay en cada uno de nosotros, ese deseo de lo hermoso que permanece en cada ser humano incluso en las circunstancias más adversas.

De todos esas cosas que sólo se ven de cerca, no ha dejado de maravillarme a lo largo de los años el deseo de escribir poesía de tantas personas pobres que he conocido, como si ellos —sin haber estudiado literatura o haber tenido oportunidad de aprender junto a otros, a veces incluso sin haber logrado leer o escribir— supieran más que nadie sobre la capacidad de un poema para trascender la realidad, para alcanzar en el otro un lugar verdadero, para permitirnos una forma particular de exactitud con la palabra.

Hace unos días, he recibido desde Madrid un libro de poemas escrito por Antonio Jiménez, a quien conocí hace veinte años en el barrio en el que vivió de niño. No olvido sus ojos apasionados y la fuerza de sus juegos y rebeldía, y recuerdo perfectamente el día en el que Antonio me dijo que por fin conocía todas las letras del abecedario, que ya solo le faltaba juntarlas. Algunos años después, celebramos que Antonio ha logrado juntar todas las letras y ofrecernos Avenida de la Gavia, un libro cargado de verdad y encuentros con la belleza.

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Los golpes que en medio de la noche hacen temblar mi puerta
vienen de la mano del frío.
Con el aliento congelado vienen
para arrancarme,
para arrastrarme las bestias al campo sembrado,
donde por luz
te tengo.

Avenida de la Gavia. Antonio Jiménez

La lectura del libro de Antonio me hace pensar de inmediato en otras personas que en medio de la pobreza buscan también la palabra y la belleza a través de la poesía: en Georgina Simmonds, mujer que camina Londres siempre con una libreta en la mano, que participa siempre en todo lo que ocurre a través de la escritura y la lectura de un poema, como única manera posible para ella de estar en un lugar desde la libertad de palabra; en Emilio ‘Draco Laca’, joven que conocí hace un tiempo en un penal de menores en México; en las mujeres y hombres pobres que quisieron salir de las sombras a través del libro de poemas Out of the Shadows; en Raquel Juárez, guatemalteca en resistencia sostenida a través de su trabajo mal pagado y su vocación de poeta, en busca de mi talento, según lo dice ella.

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Cuando miro que ya el sol se va metiendo,
pienso que pronto va a hacer frío
y me pongo a abrigar a mis pequeños
para que no tengan frío ni se enfermen.

Raquel Juárez

Cada uno de nosotros deberíamos tener los medios para desarrollar nuestro potencial, para salir al encuentro de nuestro talento, para dar lo mejor de nosotros mismos. Cada uno de nosotros deberíamos tener la posibilidad de realizar nuestra aspiración de belleza sin tener que agotarnos haciendo frente a los innumerables obstáculos que presenta la vida en la pobreza. Como millones de personas en el mundo, Georgina, Raquel, Emilio y Antonio lo tienen mucho más difícil que quienes no conocemos la pobreza, y sin embargo, en medio de la batalla por la supervivencia que se ven obligados a librar cada día —las interminables caminatas buscando chatarra para re-vender; las largas horas lavando ropa ajena; las humillaciones que vienen con las ayudas sociales; la energía necesaria para protegerse de la violencia de los barrios; los sacrificios para que el alimento alcance para todos; el peso del agua que es necesario cargar hasta el hogar… —, ellos buscan también la belleza y la realizan; obligados a convivir con tanta fealdad, ellos buscan la belleza como forma de resistencia, lo hermoso con la urgencia de los que saben que no les será regalado, que serán ellos mismos, sus manos hacedoras, quienes habrán de crearlo. Si miramos de cerca, podemos notar fácilmente esta búsqueda incansable, y ahí, en nuestra aspiración común, reconocer la humanidad que compartimos.

Beatriz Monje Barón, Ciudad de México

en twitter @beatriz_monje_

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                                                                                                       Out of the Shadows. Georgina Simmonds.

 

 

2.24.-

Llegué tarde y cansado,

teniendo que echar el ancla,

desembarcando mi alma

a un puerto de neblina espesa.

Por más que me adentro,

más neblina encuentro.

Neblina espesa que privas de visión a mis ojos.

¿En qué puerto ha ido a desembarcar mi alma?

Llegué tarde y cansado,

porque se aterrorizaron mis ojos

por el peso de la balanza

que marcan unos y otros.

 

Antonio Jiménez Gabarre, de su antología Av de la Gavia

las sombras

En medio de la noche,

en un viejo bidón oxidado,

la sombra de una mujer

tan transparente como el aire

hace fuego para calentarse.

La noche pasa rápido

y la mujer sombra se despierta.

La claridad del alba la ha despertado

y con los primeros rayos del sol

se dirige a las grandes avenidas de la ciudad.

Y su paso sólo es una sombra de edificios,

sombras para la sociedad,

sombras.

En nuestras calles sólo soy una sombra

de las sombras que en la noche

se calientan al lado de este bidón oxidado.

Antonio Jiménez Gabarre, de su antología Av de la Gavia

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Por soñar soñé que no amanecía,

por soñar soñé que no llegaba el día,

por soñar soñé que la luna se reía,

por soñar soñé que el sol era mi guía,

por soñar soñé que la tierra me acogía,

por soñar soñé

que los hombres vivirán un nuevo día.

Por soñar soñé.

Antonio Jiménez Gabarre, de su antología Av de la Gavia

la familia

Cuando miro esta mesa sosteniendo la familia
pienso que así nos sostiene el mundo a todos
los habitantes, sin exclusión a nadie
a todos nos aguanta y nos tiene paciencia
y saca del olor rico que tiene dentro de sí la tierra
para que tenga donde vivir y donde sembrar
el agua, para que estén limpios y no tengan sed
y con el sol y la lluvia de regalo para todos.

Raquel Juárez, Guatemala

palabras de paso

dehesa-blog

Yo no soy un bloguero, yo no soy un escritor, yo no soy voluntario permanente.
Tan solo soy un desplazamiento, un viaje, un tránsito, un trasvase, algo que se parece, algo que era, que quería ser, hoy solo estoy.

Me gustan las palabras, me gusta cuando las decimos y cuando las callamos, cuando nos desbocan en grito, cuando nos desplazan, cuando nos atraviesan.

Me gusta cruzar la dehesa en bicicleta y arañar el sonido lento de la niebla que te moja, pedalear bajo la mirada líquida de las vacas que rumian sus saludos quietos.
La dehesa son los brazos abiertos de las encinas, las rocas de granito, los desnudos robles.
Me gusta correr y sudar cuando el campo transpira niebla, me gusta cortarme con el centelleo de la niebla que afila el sol del atardecer salmantino y añadir con el vaho de mi sudor una capa más a esta sábana que se come la noche, el paisaje, el atardecer y el sonido.

Me gustan las palabras y me gustaría contaros cosas, pero las palabras se agolpan como piedras y el muro se cae machacándome los dedos. Recojo el peso del sentido y me parte la espalda. Las palabras arden y no me queda más que ceniza en la boca. Mientras tanto mi olor es de humo, me desnudo y dejo mi cuerpo fuera para que se convierta al musgo de la teja, para que huela a primavera y a brote. Hace frío y sueño con el humo al que todavía huelo.
Es invierno y me gustan las palabras.

Aunque corra, mi cuerpo me persigue.

Ser de hueso, ser de musgo, la quietud de la piedra, la sonrisa de la vaca, el brillo de la pluma de la gallina, el saludo corto de la dehesa. Yo solo estoy,  y estando en ocasiones me encuentro.

No se si tengo palabras para contarte.
Me gustan las palabras. Me gustas tú.
Me gustan los hombres y mujeres que recorren lentamente los caminos torcidos de la tierra.
Me gusta lo que nos traen, me gusta lo que callan.
Hay que callarse mucho para decir un poco.

Quiero decir cosas que sepan a ceniza, que brillen como el fuego, que se posen como la piedra, que paseen como nuestras vidas por el paisaje lento de la dehesa.

Solo estamos por un rato.
Estamos para contarlo y nuestras palabras, peregrinas, están de paso.

Jaime Solo

 

 

atardecer | dos poemas

Quién sabe si hoy estoy feliz.
Quién sabe lo que sufro.
Quién sabe lo que lloro.
Quién sabe mis alegrías.
Quién sabe que hoy estoy feliz.

Quién sabe lo que hoy va a suceder.
Quién sabe qué olor tiene el sol
que con el calor nos da su amor.

Cuando miro que ya el sol se va metiendo
pienso que pronto va a hacer frío
y me pongo a abrigar a mis pequeños
para que no tengan frío ni se enfermen.

Raquel Juárez, Guatemala

educación, ¿quién educa a quién?

Lo comparo con un enigma.
Una preocupación.
El arte de mil colores que difunde su sabiduría, su inteligencia.

Se ve con dolor el sufrimiento de los padres,
marginados, luchando para que sus hijos tengan un título,
para tener un nombre en la sociedad
y no ser marginados y excluidos.

Niños y niñas, jóvenes,
que quieren un futuro mejor,
miran la triste pobreza, de maestros sin vocación,
sin amor y ternura para su formación,
piden y piden sin conocer.

Cada fin de año, la escuela se queda triste
porque ya no pueden seguir.
En silencio, se retiran y nadie sabrá de sus anhelos.
Sus sueños y metas, tirados a la basura.

Raquel Juárez. Guatemala

© ATD Cuarto Mundo. Con motivo del Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza Extrema / 17 de octubre 2015