pobreza y cambio climático en los Andes

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El Perú ocupa una parte importante de la Cordillera de los Andes en la América del Sur. En su territorio se concentran alrededor del 70% de los glaciares tropicales, los cuales juegan un rol fundamental en el equilibrio pluviométrico natural, al regular el flujo de agua en tiempos de fuertes lluvias así como en tiempos de sequía. Los Glaciares tropicales, tienen pues una influencia crucial en el equilibrio climático de toda la región de la América del Sur y cualquier alteración en ellos tendría un impacto a nivel mundial.

Los glaciares tropicales juegan un rol de reguladores de los fenómenos pluviométricos. Cuando se producen precipitaciones excesivas, las bajas temperaturas en los meses invernales retienen y congelan el agua de lluvia, permitiendo que cada año millones de Cm3 de agua sean retenidos en los glaciares, los cuales se derriten en la época primaveral y ruedan hacia abajo irrigando las laderas de los Andes, permitiendo así el desarrollo de un sistema productivo que depende fuertemente de estos flujos de agua. La casi mayoría de los ríos en los Andes se originan de estos deshielos a los 4000msnm.

A lo largo de los últimos 10 mil años, la temperatura promedio del planeta se ha mantenido en 15° centígrados; sin embargo, en el último siglo la temperatura media se ha incrementado en 0.6° y se estima que para fin de siglo aumente entre 1.4° a 5.8°1. Este incremento en la temperatura es consecuencia del aumento de los gases a efecto invernadero por acción humana, es así que la cantidad de CO2 existente hoy en el ambiente es superior a la capacidad de absorción y emisión de nuestro planeta, este exceso de CO2 retenido en el ambiente es un factor fundamental en el calentamiento global.

Desde los años 70 a la fecha, se estima que los glaciares tropicales de los Andes peruanos se han reducido en un 22%; sólo el glaciar Quelccaya (a 5560 msnm y el más grande glaciar tropical del mundo) se ha venido reducido en 60m por año, el 2010 evidenció una reducción de 150m, hoy se estima que habrá desaparecido completamente para el 20202. La Cordillera Blanca ha decrecido sobre el 15% desde 1970 y los científicos estiman que en unos 10 años habrán desaparecido todos los glaciares que se encuentran entre los 3500 y los 4200 msnm. Por tanto, estudios científicos señalan que para el año 2050 el Perú habrá perdido el 50% de sus reservas de agua dulce3.

La pérdida de los glaciares tropicales impediría que el agua de lluvia sea retenida, provocando que cada año alrededor de 7000 millones de m3 de agua se vayan al océano pacífico4, elevando el nivel de sus aguas, y provocando catástrofes como inundaciones, aluviones, deslizamientos de terrenos, etc. Esto provocaría a su vez el colapso de todo un sistema productivo del cual dependen millones de personas.

El equilibrio del medio ambiente en los Andes ha sido siempre frágil, las poblaciones que históricamente se han sucedido después de que empezará a ser poblado hace más de 20 000 años tuvieron que hacer frente a condiciones sumamente adversas para adaptarse; este proceso de adaptación duró miles de años e implicó una adaptación no sólo del organismo humano, sino también el desarrollo de una tecnología de producción que respondía a los límites y condiciones propios del medio ambiente andino.

Este medio ambiente andino que se caracteriza por lo abrupto y escarpado de su geografía, presenta pocos espacios planos aptos para el desarrollo de la agricultura; ante ello y desde muy temprano en la historia, el hombre andino tuvo que aprender a producir en las laderas de las montañas, desarrollando un sistema de terrazas llamados andenes que permitían aumentar el número de tierras cultivables así como aprovechar el agua que baja de los deshielos a través de un ingenioso sistema de canales. Hizo de la adversidad que significaban las elevadas alturas en pocos kilómetros, una ventaja comparativa al desarrollar un sistema productivo basado en el uso de diferentes pisos ecológicos, lo cual permitió la aclimatación de muchas plantas y hacer frente a períodos de sequías. En su mejor momento y en el apogeo de la época incaica, este sistema de producción permitió sostener una población que algunos historiadores estiman en 12 millones de personas.

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Desde los años 40, las zonas rurales en los Andes se han ido despoblando, este proceso que se ha acentuado las últimas tres décadas debido a la pobreza y la falta de oportunidades en el medio rural frente a la atracción que ejercen los principales centros urbanos ha llevado a que la población rural pase de 40% en 1972 a 23% el presente año5. Hoy hay cada vez menos campesinos y por ende menos personas para mantener los sistemas de producción agrícola, es decir las terrazas, los canales de irrigación etc.

En este contexto, es más importante que nunca establecer un diálogo con aquellos que, a causa de su propia vida, han sido siempre los primeros en hacer saltar las alarmas sobre las consecuencias del cambio climático para la vida de las personas y del medioambiente.

Alberto Ugarte Delgado, Perú/Francia

#LibertadReal

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La Fundación Secretariado Gitano acaba de revolucionar las redes sociales con la campaña #LeonorDejaLaEscuela. El lema hace pensar que se trata de la Princesa de Asturias, hija primogénita de la familia real española, y la magia de la comunicación convierte la campaña en trending topic. De repente, se hace visible lo que ha sido siempre ignorado: los obstáculos que enfrentan los niños y niñas de etnia gitana para permanecer en la escuela.

Inmediatamente pienso en Libertad, un preciosa niña gitana de cinco años. Libertad vivía en el Pozo del Huevo, así que no era solamente preciosa y gitana, sino también la primogénita de una familia profundamente castigada por la injusticia que es la pobreza extrema. Hacía años que ATD Cuarto Mundo existía también en este barrio madrileño de calles de tierra y hogares construidos a base de maderas viejas y lata, de luz y agua alcanzada gracias al ingenio, de madera para leña en carretillas, de esfuerzo cotidiano por la supervivencia, de comunidad y familia. Como cada verano, aquel mes de julio celebramos también nuestro Festival del Saber y, celebrando el saber, Libertad no dejó de compartir su ilusión por empezar la escuela el mes de septiembre, su sueño de aprender a leer y hacer nuevas amigas, todo lo que estaba por llegar.

En España, la educación obligatoria comienza a los seis años, pero es habitual que los niños estén ya escolarizados a los tres, pues este periodo inicial es también gratuito y, bajo la ley, accesible para todos. Así, nuestra Libertad feliz habría de encontrarse pronto con niños y niñas con tres años de escolaridad en sus mochilas.

Ya en septiembre, mientras nos preparábamos para la Biblioteca de Calle que nos daba cita semanal durante todo el año, vi llegar a Libertad por la calle de tierra que servía de acceso al Pozo del Huevo. Regresaba de la escuela, debía ser la primera o la segunda semana para ella. En cuclillas, pregunté ilusionada por sus primeros días, recuerdo perfectamente el entusiasmo que yo guardaba en mis adentros. Libertad me escuchaba, pero negaba con su cabecita de cabellos castaños: “Ya no me gusta. La profe da a los otros niños letras para pintar y a mí no me da nada, sólo me dice que haga dibujos”.

Soy maestra de formación, así que puedo entender muy bien que hay todo un camino que hacer antes de aprender a escribir, y que los otros niños ya habían recorrido una buena parte del camino… Entiendo también el valor del dibujo y aún más de la creatividad, pero no puedo entender “a mí no me da nada”, ni puedo aceptar la falta de fe en cada niño de la que fui testigo a lo largo de los meses siguientes, o el abandono.

A menudo, los profesionales se refieren a esta realidad como “abandono escolar gitano”. Pero ¿quién abandona a quién?, ¿qué hace que una maestra deje de tener fe en una niña de apenas seis años?, ¿y cómo podríamos garantizar lo que es nuestra obligación común: que cada niño tenga realmente la oportunidad de aprender en la escuela?

A lo largo de mis años compartidos en el Pozo del Huevo, conocí a muchos niños y niñas que pasaban años en la escuela y nunca aprendían a leer y a escribir, abandonados por sus maestros desde el primer día. Conocí a muchos padres y madres que, a pesar de no haber tenido para sí mismos la oportunidad de la escuela, hacían extraordinarios esfuerzos por enviar a sus hijos; a padres y madres que habían creído que la escuela sería una esperanza para sus hijos y observaban atónitos que sus niños, a pesar de tanto esfuerzo, tampoco podían leer o escribir.

Cuando vives en una chabola rodeada de barro en invierno, llegar a la escuela con los zapatos limpios es, sencillamente, un milagro que unos y otros hacen posible sólo a través de un empeño extraordinario. Cuando nunca has ido a la escuela, ayudar a tus hijos con las tareas escolares requiere la valentía de los héroes. Cuando eres la única en tu clase que aún no sabe leer, llegar cada día a la escuela da testimonio de que ya eres un pequeño gran ser humano. ¿Cómo es posible que no hagamos todos nosotros, la escuela, el Ministerio de Educación y los maestros el mismo esfuerzo que ellos hacen para asegurarnos de que la escuela es útil para todos los niños y niñas?

Claro que sí, hay muchas maestras en nuestras escuelas que tienen fe en cada niño, muchos que hacen uso de toda su creatividad pedagógica para asegurarse de que cada niño cumple su sueño de aprender. Claro que hay muchos niños y niñas que lo logran a pesar de todos los obstáculos, y muchos padres que no dejan de empeñarse aún si el camino es muy largo y difícil. Todos ellos son nuestros héroes, nuestros niños y mayores reales.

Sin embargo, lograrlo verdaderamente para todos necesita de un plan institucional contra el abandono de los niños y las niñas gitanas en la escuela, especialmente de los más pobres. Un plan que debe ser construido con los maestros y todos los que conforman la comunidad educativa, pero fundamentalmente con los niños y los padres y madres abandonados por nuestro sistema educativo; un plan pensado con ellos y a partir de sus experiencias de discriminación y abandono, de sus sueños y esfuerzos, y sobre todo del imprescindible conocimiento y saber del que ya son portadores. Porque ellos también, a pesar de no saber leer o escribir, tienen un saber necesario que aportar: un saber para construir, de una vez por todas, una escuela útil para todos los niños. En realidad, un saber para un mundo para todos.

Crear juntos los mecanismos para que la experiencia y el pensamiento de estos padres y niños tenga un impacto en nuestra manera de hacer escuela para todos, sería no solamente un acto de justicia hacia ellos, sino un acto de justicia hacia todos los niños y el mundo. Una escuela que es útil para los niños que tienen más obstáculos que superar, es también una escuela más útil, humana y académicamente, para los niños que aprenden más fácilmente. Esta es la escuela que yo quiero, y digo, como Samuel, ¡sí podemos!

Beatriz Monje Barón, Madrid/ Ciudad de México

en twitter @beatriz_monje_

© Fundación Secretariado Gitano

educación, ¿quién educa a quién?

Lo comparo con un enigma.
Una preocupación.
El arte de mil colores que difunde su sabiduría, su inteligencia.

Se ve con dolor el sufrimiento de los padres,
marginados, luchando para que sus hijos tengan un título,
para tener un nombre en la sociedad
y no ser marginados y excluidos.

Niños y niñas, jóvenes,
que quieren un futuro mejor,
miran la triste pobreza, de maestros sin vocación,
sin amor y ternura para su formación,
piden y piden sin conocer.

Cada fin de año, la escuela se queda triste
porque ya no pueden seguir.
En silencio, se retiran y nadie sabrá de sus anhelos.
Sus sueños y metas, tirados a la basura.

Raquel Juárez. Guatemala

© ATD Cuarto Mundo. Con motivo del Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza Extrema / 17 de octubre 2015

gestos de solidaridad: pistas para un futuro digno para todos

Un año más, la conmemoración del 17 de octubre, Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza, nos permite juntarnos, motivados por la convicción de que, si queremos ser capaces de construir sociedades justas, solidarias y en paz, tenemos que unirnos tomando en cuenta las fuerzas e inteligencia de todos.

Cada año, esta jornada nos invita especialmente a descubrir a aquellos que viven en situaciones de pobreza como los principales actores con los que asociarse en esta lucha.

Demasiadas veces ignorados e invisibles para el resto de la sociedad, sus gestos muestran mejor que todos nuestros discursos, que nadie es tan pobre que no tiene nada que dar y confirman que los primeros en sostener a otros que lo pasan mal por culpa de la pobreza son aquellos que la viven en carne propia.

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Estos son algunos de estos actos de los que he sido testigo. Los nombres son inventados, pero las historias son reales.

Gracias a Cándida, que le visita regularmente y está pendiente de él, Manuel pudo ser hospitalizado y ser tratado de urgencia como consecuencia de un paro cardíaco. Ambos viven en chabolas, en una gran precariedad, apartados de la ciudad. Si no es por Cándida, Manuel no hubiera sobrevivido.

Miguel apoyó a María y a sus hijos durante una temporada muy dura para ella en la que su marido estaba en la cárcel y ella fue desahuciada del piso en el que vivían. Miguel la apoyó, entre otras cosas, a encontrar una casa en la que poder entrar a vivir para no quedarse en la calle.

La señora Marisa acogió a su hijo en su piso de realojo durante varios meses para que él y su mujer pudieran recibir en mejores condiciones a su bebé recién nacido, ya que en ese momento estaban viviendo en un camión, en una zona industrial a las afueras de la ciudad. Al mismo tiempo, la señora Marisa acoge y cría a tres nietos ante la situación de vida difícil de varios de sus hijos.

Unas señoras de grupos familiares enfrentados, superan sus diferencias y se reúnen una vez a la semana para elaborar jabones juntas. Además de generar recursos propios, demuestran que es posible ir más allá de sus conflictos y potenciar una economía de paz en un barrio secuestrado por el tráfico de drogas.
Ana María conoce a sus compañeros de albergue en el que viven muchas personas en situación de abandono. Ella sabe que tienen cosas importantes que aportar, por lo que cada vez que se acercan encuentros y reuniones del Movimiento Cuarto Mundo lleva varias cartas de preparación y les pregunta, anota sus respuestas y se las entrega al equipo para que su saber sea tomado en cuenta.
Alfredo sabe que Ramón ha tenido un conflicto que le impide participar en una asociación. En vez de desentenderse, Alfredo se implica y motiva a otros responsables de dicha asociación para que hablen con Ramón, entiendan la raíz del problema y encuentren juntos una solución.
Concepción ha sacado a su hermana pequeña del basurero en el que vivía, acogiéndola, ofreciéndole un lugar en el que vivir y ayudándola a salir de la droga.
Antonio es un jubilado que acaba de salir de la cárcel. Estaba cobrando una pensión no contributiva que recibía en el Banco de prisiones y a la que había dejado de tener acceso. José le está acompañando a diferentes citas en Servicios sociales para que pueda arreglar su situación administrativa y pueda seguir accediendo a su pensión.
Ernesto acoge en su casa a Eva después de que ella se hubiera quedado a la intemperie tras una pelea con su familia. Ernesto ha vivido una temporada en la calle y consciente de los riesgos, se aprieta en su nueva casa para encargarse de Eva como si fuera su padre.

No es habitual que se tome en cuenta a las personas en situación de pobreza para buscar soluciones a lo que viven, o que se les escuche en los grandes eventos sobre solidaridad. Es una verdadera pena, porque en su día a día, entrelazando vida y actos concretos, ellas realizan gestos de reconocimiento y apoyo hacia otros en situaciones también muy difíciles, llenando de contenido la palabra esperanza y mostrando posibilidades de vida digna para todos.

Álvaro Iniesta Pérez, Madrid

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luchar contra la pobreza: una tarea compartida

(c) Acción Poética Pura

Una población que es tratada en base a estereotipos y subjetividades superfluas es afectada de manera negativa en su desarrollo personal y social. De ahí que las personas en situación de pobreza y extrema pobreza sufran marginación, opresión y vulneración de sus derechos de forma permanente; lo peor es que ellos lo han adoptado como algo normal o natural.

El hecho de formar parte de un contexto lleno de limitaciones educacionales, económicas, culturales y de salud conduce al desconocimiento de lo que hay más allá. Una realidad centrada en la miseria, donde las habilidades sociales y personales no cobran fuerza para la transformación oprimen a estas personas. Es que el desconocimiento, de lo que hay más allá del horizonte que ya perciben, es uno más de los factores determinantes para la vulneración de los derechos y relegación de los pobres. La explotación, violencia, discriminación son algunas de las consecuencias a las que conlleva este desconocimiento. El sentir que tenemos menos valor que otras personas, que probablemente tienen más oportunidades económicas, hacen que nuestro panorama de nuestro cotidiano cambie; llegando a conformarnos y no hacer nada al respecto ante diversas injusticias y adversidades.

Es la sociedad quien establece prejuicios hacia las personas que viven en la pobreza, sin embargo no se dan cuenta que esos prejuicios van destruyendo de a poco la dignidad de esta población. Y ¿Cuál será el causante de estos prejuicios? Pues aquí también juega un papel importante el desconocimiento, ese desconocimiento de la sociedad que tiene hacia la realidad de las personas pobres. No conocen por qué están en esa situación, qué es lo que enfrentan día con día o por qué no pueden acceder a mejores empleos y desconocen todos los esfuerzos que hacen para cambiar y transformar su realidad. No es solo conocer es comprender e interiorizar, es actuar.

Estos elementos de exclusión, estereotipos, prejuicios y desvalorizaciones generados a partir del desconocimiento de distintas realidades encapsulan a las personas en pobreza y extrema pobreza en un mundo lleno de desigualdades y opresión; donde no pueden hacer, ni ser y menos luchar por su dignidad. Ese es el reto romper esas cápsulas marginantes. Luchar contra la pobreza es una tarea compartida, donde lo que más importa es la opinión de la persona que está en esa situación; porque ella tiene todas las capacidades para proponer soluciones o propuestas para la transformación, la tarea consiste en impulsarlos, hacer que vuelvan a creer en ellos, ser un apoyo constante: no pensar por ellos.

Tania Erika Poma Mollinedo, La Paz

la vivienda es lo primero… que dejamos atrás

Hace unos días estuve en unas Jornadas sobre Housing First (Primero Vivienda) organizadas por RAIS. El planteamiento es muy sencillo: en vez de marcar procesos para las personas sin hogar a través de diferentes recursos sanitarios y sociales, con la vivienda como un premio al final de un camino que se convierte en una carrera de obstáculos, se comienza facilitando el acceso a una vivienda como seguridad básica que permite afrontar el resto de retos a los que se enfrenta a la persona. Que no son pocos en los casos seleccionados, ya que hasta ahora el programa se ha realizado con personas con problemas de salud mental, discapacidad o toxicomanías. En estas Jornadas han presentado los resultados obtenidos hasta ahora, y son espectaculares: todas las personas siguen manteniendo su vivienda y ha mejorado en gran medida su bienestar a todos los niveles, con un coste económico similar o incluso inferior al de otros recursos tradicionales, como albergues y demás.

Pero más allá de los datos, están las vidas concretas, las miradas y la palabra de estas personas:

Todo parece apuntar a que este modelo de intervención se va a poner de moda, al menos en cuanto a atención de personas sin hogar. Muchas otras personas y colectivos apuntan a que esta filosofía de intervención debe aplicarse de manera más global, también con familias y otros colectivos.

Pero yo, cuanto más lo pienso, menos entiendo. ¿En qué momento hemos perdido el contacto con la realidad de tal manera que una propuesta que en realidad es simple sentido común se convierte en algo revolucionario? ¿De verdad estamos inventando el fuego al decir que la seguridad de una vivienda, de una estabilidad básica, es una condición fundamental para poder construir en positivo las condiciones para una vida digna? ¿Cuándo y cómo perdimos esta perspectiva?

Al comenzar la dinámica de los Talleres de Vivienda Digna para Todas las Personas (animados por Movimiento Cuarto Mundo España), un padre de familia que nunca ha podido acceder a una vivienda propia me comentaba: “¿Tú sabes lo que supondría poder tener una llave con la que abrir la puerta de mi casa? ¿Y entrar en ella sabiendo que mis hijos están durmiendo seguros, protegidos, que no les va a pasar nada? Eso es lo más importante que me puede pasar en la vida”. Por el momento sigue igual, sin haber avanzado nada en esta dirección. Porque cuando va a Servicios Sociales le insisten en que lo que tiene que hacer es encontrar trabajo, sin ofrecerle alternativa de vivienda, ya que eso se lleva en otro departamento que en la práctica constituye otro mundo con otros intereses. Como si dentro de los apoyos que necesita una persona o familia para salir de la precariedad no hubiera que considerar el tema de la vivienda. Pero claro, es que unir urbanismo y necesidades sociales obligaría a volver del revés las políticas de vivienda, enfocadas primordialmente a mercadear con ella.

Y así, de este modo, borrando y fragmentando la realidad, consiguen que nos olvidemos de las cosas esenciales y básicas para la vida.

Dani García Blanco, Madrid