pobres avergonzados: una expresión de la dignidad humana

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Pobres o ricos, todos tenemos un valor que preservar: la dignidad. Precisamente de la preservación de este valor surge la expresión «pauvres honteux» [pobres avergonzados] en Trou du Nord (al noreste de Haití).

El primer fin de semana de mayo de 2015, fui por primera vez a Trou du Nord con el objetivo de participar en la celebración de los 310 años de la Parroquia de Saint Jean-Baptiste y descubrir el potencial de esta zona. Así es como descubro la expresión «pobres avergonzados» durante una conversación con el cura. En toda la tierra, hay gente que se gana la vida a partir de nada, que depende de la solidaridad de los demás para poder vivir el día a día. No tienen qué comer, tan solo un lugar donde pasar la noche o a veces ni tan siquiera eso. En Trou du Nord, sucede lo mismo porque es un pequeño trozo de tierra.

Como había muchos pobres sin abrigo que montaban su tienda de campaña frente a la iglesia, la parroquia decidió construir una casa para alojar y alimentar a estos seres humanos de forma digna. «Kay pòv» (la casa de los pobres) es como se llama esta casa de acogida y de cuidado de personas sin recursos. Aquí duermen, reciben ropa y alimentos. A medida que pasan los días, el nombre «Kay pòv» se vuelve inadecuado porque no respeta demasiado la dignidad de las personas. «Podemos ser pobres, pero esa no es razón para ponernos etiquetas», murmuran los habitantes de la casa. La iglesia se da cuenta rápidamente de que es necesario cambiar el nombre a este lugar. De «Casa de los pobres» pasa a llamarse «Hogar de solidaridad . En este espacio, hay personas que se ocupan de los pobres, el cura los visita a menudo y habla con ellos, da misa.

A pesar de todo, hay pobres que no tienen nada y que se niegan a ir a vivir a la casa. El cura cuenta que uno de los hombres más pobres del barrio se presentó en la casa parroquial para pedirle un poco de comida. «Ve a vivir al hogar de solidaridad, allí encontrarás comida cada día para ti y para tu familia», le dice el cura. El hombre sacude la cabeza y responde: «no puedo vivir en esa casa, es demasiado humillante que todo el mundo sepa que eres pobre. En cuanto vives en la casa, ya se sabe que eres pobre. Soy un pobre avergonzado, si quieres ayudarme, vendré a la casa parroquial cada semana para buscar lo que quieras darme discretamente». El cura acepta la propuesta sin dudar. En la actualidad, hay un nutrido grupo de pobres que hacen el mismo camino que este hombre y reciben el apoyo de la parroquia sin estar viviendo en el hogar de solidaridad.

Saint Jean Lhérissaint, Haití. [Traducción del original en francés publicado en el blog colectivo Pour un monde riche de tout son monde]

 

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