donde por luz te tengo

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Georgina Simmonds

 

Algunas personas creen que la magia no es real,
pero un pájaro canta: ¿qué hay acerca de los sueños?

Quizá me puedas decir que un unicornio es falso,
pero un niño dice: ¿qué hay acerca de los sueños?

What about the dreams? Draco Laca

Desde hace casi veinte años convivo con niños, adultos y familias enteras en situación de pobreza, primero en los barrios muy pobres de la periferia de Madrid, después en pleno corazón de Londres, y ahora en los diferentes países de América Latina y el Caribe en los que ATD Cuarto Mundo está presente.

No hay nada hermoso en la violencia que es la vida en la pobreza, y sin embargo, a lo largo de todos estos años, he sido testigo de cómo los más pobres buscan y crean la belleza en sí mismos y en el entorno hostil en el que viven. Mientras escribo, numerosos ejemplos vienen a mi mente: una mujer que cuida flores en la puerta de su vieja casa hecha de madera recuperada; un hombre que alegra la habitación de su hijo con pinturas encontradas en la basura; una anciana que hace ganchillo para vestir a sus niños Jesús; un padre que recupera del vertedero rollos de tetra-briks para hacer mantelitos para los estantes de su casa de lata; una familia entera que coloca la leña a modo de escultura dentro de la casa; otra familia que coloca las mantas durante el verano bien dobladas unas encima de otras, combinando los colores y a la vista de todos; unos niños que cuelgan sus dibujos en la parte más alta de las paredes de su casa, donde más se ven y parecen más a salvo; una madre que barre sin cesar su casa de piso de arena… Cuando los miramos desde lejos, es difícil encontrar belleza alguna en los hogares que se ven obligados a habitar las familias más pobres; desde cerca y al detalle, podemos notar fácilmente esa pulsión por la belleza que hay en cada uno de nosotros, ese deseo de lo hermoso que permanece en cada ser humano incluso en las circunstancias más adversas.

De todos esas cosas que sólo se ven de cerca, no ha dejado de maravillarme a lo largo de los años el deseo de escribir poesía de tantas personas pobres que he conocido, como si ellos —sin haber estudiado literatura o haber tenido oportunidad de aprender junto a otros, a veces incluso sin haber logrado leer o escribir— supieran más que nadie sobre la capacidad de un poema para trascender la realidad, para alcanzar en el otro un lugar verdadero, para permitirnos una forma particular de exactitud con la palabra.

Hace unos días, he recibido desde Madrid un libro de poemas escrito por Antonio Jiménez, a quien conocí hace veinte años en el barrio en el que vivió de niño. No olvido sus ojos apasionados y la fuerza de sus juegos y rebeldía, y recuerdo perfectamente el día en el que Antonio me dijo que por fin conocía todas las letras del abecedario, que ya solo le faltaba juntarlas. Algunos años después, celebramos que Antonio ha logrado juntar todas las letras y ofrecernos Avenida de la Gavia, un libro cargado de verdad y encuentros con la belleza.

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Los golpes que en medio de la noche hacen temblar mi puerta
vienen de la mano del frío.
Con el aliento congelado vienen
para arrancarme,
para arrastrarme las bestias al campo sembrado,
donde por luz
te tengo.

Avenida de la Gavia. Antonio Jiménez

La lectura del libro de Antonio me hace pensar de inmediato en otras personas que en medio de la pobreza buscan también la palabra y la belleza a través de la poesía: en Georgina Simmonds, mujer que camina Londres siempre con una libreta en la mano, que participa siempre en todo lo que ocurre a través de la escritura y la lectura de un poema, como única manera posible para ella de estar en un lugar desde la libertad de palabra; en Emilio ‘Draco Laca’, joven que conocí hace un tiempo en un penal de menores en México; en las mujeres y hombres pobres que quisieron salir de las sombras a través del libro de poemas Out of the Shadows; en Raquel Juárez, guatemalteca en resistencia sostenida a través de su trabajo mal pagado y su vocación de poeta, en busca de mi talento, según lo dice ella.

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Cuando miro que ya el sol se va metiendo,
pienso que pronto va a hacer frío
y me pongo a abrigar a mis pequeños
para que no tengan frío ni se enfermen.

Raquel Juárez

Cada uno de nosotros deberíamos tener los medios para desarrollar nuestro potencial, para salir al encuentro de nuestro talento, para dar lo mejor de nosotros mismos. Cada uno de nosotros deberíamos tener la posibilidad de realizar nuestra aspiración de belleza sin tener que agotarnos haciendo frente a los innumerables obstáculos que presenta la vida en la pobreza. Como millones de personas en el mundo, Georgina, Raquel, Emilio y Antonio lo tienen mucho más difícil que quienes no conocemos la pobreza, y sin embargo, en medio de la batalla por la supervivencia que se ven obligados a librar cada día —las interminables caminatas buscando chatarra para re-vender; las largas horas lavando ropa ajena; las humillaciones que vienen con las ayudas sociales; la energía necesaria para protegerse de la violencia de los barrios; los sacrificios para que el alimento alcance para todos; el peso del agua que es necesario cargar hasta el hogar… —, ellos buscan también la belleza y la realizan; obligados a convivir con tanta fealdad, ellos buscan la belleza como forma de resistencia, lo hermoso con la urgencia de los que saben que no les será regalado, que serán ellos mismos, sus manos hacedoras, quienes habrán de crearlo. Si miramos de cerca, podemos notar fácilmente esta búsqueda incansable, y ahí, en nuestra aspiración común, reconocer la humanidad que compartimos.

Beatriz Monje Barón, Ciudad de México

en twitter @beatriz_monje_

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                                                                                                       Out of the Shadows. Georgina Simmonds.

 

 

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Un comentario sobre “donde por luz te tengo

  1. ¡Qué!: ¡”No sólo de pan vive el hombre”! Por eso, entre tantas cosas, tenemos que luchar contra la pobreza, la desigualdad, la inequidad y la justicia: porque todos los seres humanos podamos vivir y realizar nuestras muy humanas y universales necesidades, Beatriz: Mario, con admiración.

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